Septiembre suele llegar cargado de comienzos. Retomamos horarios, ordenamos planes y pensamos en lo que nos gustaría hacer antes de que termine el año. A veces, entre esos planes aparece uno que nos ilusiona de una manera especial. Y, precisamente por eso, también nos da miedo.
Puede ser una conversación pendiente, un proyecto propio, una decisión sobre nuestra vida o el deseo de cambiar algo que ya no nos hace bien. Nos imaginamos avanzando y enseguida surgen las preguntas: ¿Y si sale mal? ¿Y si me equivoco? ¿Y si pierdo lo que tengo?
¿Por qué puede darnos miedo algo que deseamos?
Porque desearlo nos vuelve vulnerables. Nos importa tanto que querríamos protegerlo de cualquier decepción. Además, cuando pensamos en dar un paso, nuestra mente intenta anticipar lo que podría pasar. A veces nos muestra con mucha claridad los riesgos, mientras que lo bueno que podría suceder parece más difícil de imaginar.
Sentir miedo, por tanto, no significa necesariamente que debamos renunciar. Puede significar que estamos ante algo importante para nosotros y que necesitamos acercarnos con cuidado. Escuchar ese miedo puede ayudarnos a prepararnos; dejar que decida siempre por nosotros puede mantenernos en el mismo lugar.
Al cerrar septiembre, quizá esta sea una tarea valiosa para llevarnos al nuevo mes: mirar de frente aquello que anhelamos y preguntarnos qué paso pequeño podemos dar hacia ello. No hace falta resolver toda la historia hoy. Tal vez baste con buscar información, escribir una primera frase, pedir una cita o iniciar esa conversación que llevamos tiempo ensayando en silencio.
¿Y si, al movernos, ocurriera algo inesperadamente bueno?
Es una posibilidad que también merece un lugar entre nuestras preguntas. Quizá encontremos una respuesta que no esperábamos. Quizá recibamos apoyo. Quizá descubramos una capacidad que todavía no conocíamos en nosotros.
Y si el resultado no es el que deseábamos, ese paso tampoco habrá sido en vano. Podrá enseñarnos qué necesitamos, qué límites queremos cuidar o qué camino nos gustaría intentar después. Algunas respuestas solo aparecen cuando dejamos de imaginar el movimiento y empezamos a vivirlo.
Septiembre se despide sin pedirnos certezas. Nos deja una pregunta para trabajar con calma y honestidad:
Si el miedo no tuviera que desaparecer antes de empezar, ¿qué primer paso te atreverías a dar?


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