Hace unos días nos preguntábamos qué podría ocurrir si nos atreviéramos a avanzar. Octubre nos invita a añadir otra pregunta: ¿cómo estamos llegando a este nuevo tramo del camino?
El comienzo del otoño puede pasar casi desapercibido o sentirse como un cambio importante. Se modifican los horarios, los días se acortan poco a poco y volvemos a mirar la agenda después del impulso de septiembre. Hay quien disfruta de esta época y encuentra en ella calma. Hay quien nota más cansancio, echa de menos la luz del verano o siente que todavía no ha recuperado su ritmo.
Ninguna de esas experiencias es la que deberíamos tener. El cambio de estación no nos afecta a todas las personas de la misma manera, y tampoco vivimos igual cada otoño.
La energía no es igual todos los días
A menudo esperamos de nosotros una constancia difícil de mantener: levantarnos con las mismas ganas, cumplir todo lo previsto y seguir adelante sin detenernos. Cuando no ocurre, podemos pensar que nos falta voluntad.
Pero nuestra energía también responde a lo que estamos viviendo. El descanso, las preocupaciones, el trabajo, los vínculos y el tiempo que dedicamos a nosotros mismos forman parte de esa historia. Por eso, antes de exigirnos más, quizá convenga preguntarnos qué nos está pasando.
¿Me cuesta empezar el día o termino agotada mucho antes de lo habitual? ¿Estoy descansando? ¿Hay algo que ocupa demasiado espacio en mi cabeza? ¿Qué momentos me ayudan a sentirme mejor?
No se trata de examinarnos ni de convertir cada sensación en un problema. Se trata de escucharnos con curiosidad.
Un pequeño momento para tomar conciencia
Esta semana puedes reservar unos minutos, en cualquier momento del día, para hacer una pausa. Sin buscar respuestas perfectas, prueba a completar estas tres frases:
- Hoy noto mi cuerpo…
- Hoy mi ánimo se parece a…
- Hoy necesitaría…
Tal vez descubras que necesitas salir un rato a la luz del día, acostarte antes, moverte de una forma agradable o compartir lo que te preocupa con alguien de confianza. Tal vez necesites bajar el ritmo de una tarea. O quizá te encuentres bien y quieras conservar aquello que te está ayudando.
La respuesta no tiene por qué ser la misma mañana. Escucharte es una práctica que cambia contigo.
Entrar en octubre a tu propio ritmo
En septiembre hablamos de dar un primer paso, incluso cuando sentimos miedo. Ese paso también puede ser hacia nosotros mismos: reconocer cómo estamos antes de decidir qué queremos hacer.
No necesitamos convertir octubre en una lista de cambios que cumplir. Podemos elegir un gesto pequeño y posible, observar cómo nos sienta y ajustar el siguiente. A veces avanzar consiste en actuar; otras veces, en descansar lo suficiente para poder hacerlo.
Si este otoño pudiera escucharte, ¿qué te diría que necesitas ahora?
Quizá esa sea una buena manera de comenzar el mes: con menos exigencia, más atención y espacio para encontrar tu propio ritmo.


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